POR LA REIVINDICACIÓN DEL “CHAIRISMO”

por Mauricio Barraza

Dejando relativamente de lado la verdadera historia del término “chairo”, la cual nos remite a las cercanías del comienzo del siglo XXI y que podemos vislumbrar un poco mejor en el siguiente enlace (http://www.chilango.com/general/nota/2015/09/07/nosotros-los-chairos), me propongo en este texto hacer algunas consideraciones del término en sí, abordándolo desde una perspectiva crítica y a la vez emancipadora.

Este escrito no pretende ser, o quizá sí, una introducción a lo que podría desembocar en una Teoría sobre el chairismo; la cuál sería probablemente un aporte mexicano, único tal vez, a las ciencias sociales.

El texto se titula así derivado de la inquietud de quien escribe por una emancipación del término “chairo”. Contribuyó, sinceramente, que alguna vez utilizaran este adjetivo despectivamente en mí, y tal vez porque, cansado de los prejuicios de los alienados, me siento en la necesidad de denunciar la opresión que el sistema neoliberal utiliza en quienes nos atrevemos a cuestionar a la autoridad – llámese gobierno, estado, status quo, opinión pública, etc.

Lo que acontece cuando se utiliza la expresión “chairo”, es muy similar a lo que sucede cuando se utiliza la expresión “feminazi”. En ambos casos se relevan una serie de prejuicios, por parte de quienes acuñan estos términos, hacia lo que va en contra de lo que está establecido, ya sea el status quo del Estado-Gobierno o el machismo tan arraigado y normalizado en la sociedad; además de que el simple hecho de su existencia implica un intento de desprestigio ante lo que busca poner en tela de juicio el establishment.

No debe de sorprendernos la acuñación del término “chairo” como algo despectivo, ya que una característica del neoliberalismo es la apropiación del lenguaje por parte de ciertos actores o instituciones clave para utilizarlo de acuerdo a sus conveniencias, y es que el “chairismo” no conviene…

Pero concretamente ¿Qué significa ser chairo? Cuando una persona utiliza la expresión “eres un chairo”, muy probablemente se esté refiriendo a que la persona a quien se hace cuestión es alguien con ideas absurdas, ignorante, con ideas de la izquierda, exagerado, sin argumentos, ridículo, hipócrita, quizá hasta peligroso, intolerante, desalineado y muchos más adjetivos negativos.

Durante la guerra fría, el término “chairo” podría haberse equiparado al término “comunista”; y es que debemos recordar que existía un cierto temor por “lo comunista” durante el largo conflicto ideológico entre Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Lo comunista era malo, lo bueno era lo occidental; la U.R.S.S era la potencia enemiga, Estados Unidos era el país de la libertad.

Con la caída del muro de Berlín, se desplomó también el comunismo soviético; y de la misma manera triunfó en solitario el nuevo liberalismo, es decir, el neoliberalismo. Si durante la Guerra Fría y el modelo económico Keynesiano deslegitimar a través del miedo a la otredad era lo común, entre otras cosas, en el modelo actual que defiende las libertades pero que no nos da opción de elegir, es decir, el neoliberalismo, deslegitimar a través de la ridiculización es la moda. Y, precisamente, “chairo” es un término que ridiculiza el pensamiento crítico.

Como en cualquier ideología, situación o acción, pueden existir absurdos, faltar argumentos, coherencia, etc., pero el empleo de términos despectivos que generalizan, tales como “chairo” o “feminazi”, suele ser nocivo y reforzar una ideología a favor del status quo.

Sin embargo, la propuesta que expongo a continuación es la superación de la connotación negativa en el caso del “chairismo”. Y es que retomando la teoría de la espiral del silencio, la opinión pública, que es definida como la opinión de la clase dominante, tiende a excluir a lo que va en contra de ella, y este miedo a la exclusión inherente a nuestra condición de seres sociales nos lleva a guardar silencio en caso de que no concordemos con la opinión “de la mayoría”, ya que si nos atrevemos a contradecirla, es decir, tomamos una postura crítica, corremos el riesgo de ser encasillados como “chairos” y, por consecuente, excluidos.

Quizá aún esté en el aire la cuestión de ¿por qué no conviene el chairismo? Intentando aterrizarla, sostengo lo siguiente. Al sistema neoliberal, tan ecléctico y aprehensivo, tan casi perfecto (para sus fines de sobrevivencia), adaptable y atractivo, no le convienen las voces críticas; voces que desde el “chairismo” cuestionen sus políticas económicas de desigualdad, de explotación, de saqueo, de abuso; voces que cuestionan el libre mercado, las políticas desreguladoras, las políticas de educación impuestas por el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial para perpetuar su ideología, su dogma; voces que cuestionen el poder y la muy aparente sinceridad de los medios de comunicación masiva; voces que organicen y retumben en las calles protestando masivamente en contra de un sistema de opresión, de políticos corrompidos por el mismo sistema; voces que cuestionen el terrorismo de Estado ante los más reacios y fervientes críticos del mismo; voces que griten sin miedo.

Muchos no tenemos voz por miedo a la exclusión, a la represión o marginación. Es por ello que la reivindicación del chairismo y la emancipación de los chairos puede ser un primer paso para la superación del miedo a enfrentar la ideología de la clase dominante, y con ello resistir y hacer frente, sin miedo a la exclusión, al neoliberalismo.

Foto: Chiapas Paralelo 

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