¿QUÉ NECESIDAD CON LOS CONSEJEROS?

Por Acracia Kuboa

Qué difícil es para mí poder expresar lo que pasa en la facultad. Las personas ponen la torta en el piso y las ratas se matan entre ellas. Así parece este proceso de elección de consejeros y no un espacio donde se pueda replantear qué se está haciendo como estudiante, cuál es la participación estudiantil en relación con las problemáticas sociales de nuestro país. Sociedad que sufre de una Guerra  – sólo hay que rascar un poco la tierra para sentir el valle de sangre de personas sin nombre-, desapariciones forzadas únicamente por el capricho de unos cuantos, corrupción; país donde hay un gran proyecto extractivista que deja sin hogar a comunidades enteras y una gran explotación ambiental; lugar donde la mujer sigue siendo perpetuada por los valores modernos, donde hay personas discriminadas sólo por el lugar de donde viene y donde cada vez más, la educación pública es violentada por la poca inversión de Estado orillándola a la privatización, entre muchas otras cosas.

Pero cómo poder discutir sobre la participación o sobre cualquier tema, si la misma legislación universitaria lo prohíbe, cómo reflexionar si los argumentos que salen en las redes sociales se basa en argumentos falaces que denostan a las personas, más que discutir las ideas, pero tampoco hay una exposición clara de estas (está prohibido).

Pensar en el universitario de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales es pensar en la política corrupta que se hace desde las bases administrativas de la misma facultad, hasta la rectoría; donde surgen personas que no le interesa la facultad, pero que de pronto sale una convocatoria para algún puesto y aparecen con un discurso retorico que dice que les interesa la vida universitaria, no obstante sólo buscan un trompolín para otro puesto.

Sus intereses personales se hacen generales y los venden como premisas democráticas sin discutir qué es democracia, sin discutir nada –enfatizo irónicamente- pues “está prohibido” y si no ¿a quién le interesa hacerlo? ¿o quién se atreve a poner en público sus ideas y confrontarlas? ¿A Marco Cienfuegos? Las pocas personas que lo promuevan son  ignoradas o hecho un chiste vulgar, Quijotes buscando valores ya muertos (qué felicidad es abrir Facebook y orinarme de la risa).

Hay dos formas de llevar esta coyuntura, como se ha estado haciendo, en una politipeor con personas de lo peor, mintiendo en su interés por la vida universitaria, donde en todo su recorrido por universidad jamás tuvieron un posicionamiento crítico, más bien, se han preocupado por la reproducción de la politipeor; besando los pies a los grandes administrativos o funcionarios y aplastando a los que creen que están por debajo. O hay otro camino que es el replantarse qué se está haciendo como estudiante, cuáles son nuestras responsabilidades, para qué necesitamos a los consejeros y qué planes tiene para apoyar a la creación de un movimiento estudiantil, por ejemplo en el cómo se va a participar en la elección de Rector y preguntarse el por qué va ser de esta forma y no de otra y cómo nos vamos manifestar con lo que está pasando en nuestro país.

Tenemos que preguntarnos cuál es la necesidad de tales consejos, cuál ha sido su función y cómo la han desarrollado históricamente. También quiénes van a ser estos, quienes son estas personas, ver si en su recorrido por la universidad, de verdad, han estado interesados en ella o sólo es pura politiquería. Necesitamos a personas que no busquen engordarse a través de los puestos.

Quienes sean y cómo se dé es pura forma, pero como dice un profesor de la facultad, la forma también es contenido. El trabajo de los consejeros, a parecer de quién escribe, no es ir y hablar por quién representa, ni sólo levantar o bajar la mano, sino, más bien, buscar las condiciones para que todos tomen su voz y que se discutan las decisiones, de lo contrario se seguirá en la premisas patriarcales, el de pensar al estudiante sin voz, que necesita ser representado y guiado.

Escribo esto con la única intención de hacer reflexionar, ya quedará en los lectores si hacen caso a lo escrito, si lo ignoran, lo hacen meme o le dan la espalda a estas prohibiciones de “no discutir” y toman la batuta de lo que realmente es ser estudiante universitario, discutir y ponerse al servicio de la sociedad que es por quién existimos. “La obligación – dice Allende[1]– del que estudió aquí es no olvidar que ésta es una universidad del Estado que la pagan los contribuyentes, que en la inmensa mayoría de ellos son los trabajadores”.

Pongámonos a discutir con las planillas y revaloricemos ese articulillo que lo prohíbe y preguntémonos porqué son necesarios o que gane los que más mientan.

Acracia Kuboa

[1] Discurso de Salvador Allende, pronunciado el 2 de diciembre de 1972 en el Auditorio del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara, Jalisco.

DE LAS CERVEZAS SIN ALCOHOL Y LAS COSAS ABSURDAS DE LA VIDA…

Por Mauricio Barraza

Tal como hace referencia el título de esta crítica, existen cosas absurdas en la vida. Una de ellas, como ya lo mencioné, son las cervezas sin alcohol. Pero hay muchas más: Bicicletas de tres o cuatro ruedas, un invierno sin frío o un verano sin sol, días oscuros y noches claras, café con azúcar, comer pizza con cubiertos, beber té en un vaso, mi vida sin tu amor… Pero sin duda alguna una de las más absurdas e incoherentes es una universidad pública sin debate. Una universidad pública con una Facultad de Ciencias Sociales en dónde la mayoría de los estudiantes apoyen al partido más autoritario, corrupto y represor de México. Bien dicen los extranjeros que los mexicanos somos masoquistas: nos encanta la comida con mucho chile y aún después de Tlatelolco, el halconazo, Acteal, los chayotazos, el pan y el palo, etc. etc.etc.etc.etc. seguimos votando por el PRI.

Una universidad pública sin debate es lo equivalente a ir al cine y quedarse dormido, o ir a un partido de futbol sin ni siquiera ser aficionados de este deporte, o en su defecto ser un mexicano aficionado pambolero y no mandar al América a chingar a su madre.

Dentro de la universidad existen diversas dinámicas. Se supone que “la uni” es democrática y pluralista pero ¿de qué sirve esto si en las diversas dinámicas  en donde se tiene la oportunidad de participar para representar a parte de la comunidad universitaria no se permiten los debates entre los diferentes actores? ¿Está en la legislación o en la convocatoria de cada proceso electoral? Recordemos que ni todas las leyes son justas, y que no porque existan significan que son correctas y son “lo que debe de ser”. Basta mencionar leyes de segregación racial, por ejemplo. O las leyes que anteriormente no permitían el voto a la mujer…sólo esas dos, con esas bastan para ejemplificar.

¿Que no estamos preparados para debatir? ¡Pues claro! ¡Cómo vamos a aprender si no se nos permite! Ahora bien, los estudiantes tampoco estamos libres de pecado. En las clases a veces no participamos, o no leemos, y por ende no tenemos herramientas suficientes para debatir ideas. Por ende no estamos acostumbrados a intercambiar opiniones políticas. Por ende no existe identificación ni cohesión política, y no me refiero con que todos debemos ser homogéneos ideológicamente sino más bien creo que todos debemos participar en las dinámicas  universitarias y eso no sólo incluye los procesos políticos de elecciones internas. Incluye el día a día universitario, incluye el interés por los congresos, por los seminarios, por los talleres, por la investigación, ¡por las aulas!

Pero una cosa no excluye a la otra. Sólo podemos estar preparados si se nos permite equivocarnos y rectificar, si participamos desde cada una de nuestras trincheras pero con una crítica desde el conocimiento, ese conocimiento que la universidad tiene la bondad de transmitirnos a través de los profesores, de nuestros compañeros, de los libros, de las actividades diarias, de las dinámicas que todos en conjunto desarrollemos.

¡Somos universitarios! Cambiemos la manera de hacer política, cambiemos la manera de participar. Que nuestros intereses sean nobles, sinceros. Debatamos ideas, propuestas, acciones, ideologías, pero hagámoslo… día a día, desde nuestras aulas, en nuestras pláticas de jardinera, en nuestras pláticas de palapa, para que así “la legislación” y “la convocatoria” no nos puedan “prohibir” más el debate de ideas, de propuestas. Seamos críticos ilustrados y tomemos lo que nos corresponde. Somos la esencia de la universidad.