ELECCIÓN DE GOBERNADOR/A DEL ESTADO DE MÉXICO 2017

Por Pavel Atilano ¹

La elección de gobernador/a del Estado de México es, cuando menos, una maratón política, un deporte de riesgo, un show de talla nacional, un evento solemne, una fiesta, un circo, una comedia, un chiste… sin embargo, todos tenemos derecho de llamarle como mejor nos acomode y, asimismo, cada quien puede elegir qué papel desempeñar. O tal vez no sea cierto, pues creo que muchos quisieran tener el rol de candidato (a), pero ese privilegio se reserva para los peces gordos del sistema y la gente común se ve limitada a mirar el espectáculo, aplaudir muy fuerte, levantar la mano, opinar, defender a su “gallo” y a apoyar con todo lo que tenga ―ojo, pues en ningún momento he dicho que eso implique que estemos obligados a pensar o reflexionar―

El tiempo de campaña sirve para que TODOS podamos exhibir nuestro amplio conocimiento en TODAS las áreas de interés común: economía, sociedad, seguridad, salud, derechos humanos, ecología, historia, cultura, comunicación, etc. y, además, nos da la certeza de que aquellos/as que se visten del mismo color, se saben de memoria las propuestas y sin vacilar recitan el conjuro eslogan de campaña, además de ser los gallardos heraldos del partido, son quienes tienen la legítima tarea de predicar la única vía de desarrollo válida existente, pues su deber como dirigentes-militantes-simpatizantes es apartar de la ignorancia a los ciudadanos descarriados que prefieren a alguien más.

La movilización que genera la campaña puede llegar a intimidar a cualquier despistado, puesto que de un momento a otro nos damos cuenta de lo fuerte que puede ser la voluntad de invertir en la democracia y en las instituciones que la sostienen; ya por todos es sabido que votar no es democratizar, sin embargo, ese mínimo acto de decisión puede marcar el rumbo de la historia tanto para mal, como para peor, ¡ah! Y de vez en cuando para el bien, aunque de eso último no se tenga la suficiente evidencia para corroborarlo. Pero qué más da ¡toma tu identificación y demuestra que eres un ciudadano responsable, vota y olvídate de hacer otra cosa durante algún tiempo!

Pero vamos al grano, pues me he de suponer que hay algunos aquí que sólo vinieron para saber por quién votar, o ya de menos, por quién no hacerlo. Hay quienes vinieron para que yo les diga “quién es el bueno” (o la buena, guiño el ojo). No coman ansias. La elección del jefe del ejecutivo de esta entidad es muy importante por varios factores, uno de ellos el económico, pues éste es uno de los Estados que genera mayor riqueza para el país… no necesariamente para sus habitantes. No obstante, hay que ver más allá de lo evidente. Les pregunto ¿qué acontecimiento súper importante nos espera para el próximo año? ¡Ajá! Otras elecciones… ¿otras? Sí, otras. En 2018 vamos a repetir el procedimiento que estamos viendo ahora pero en escala nacional, es decir, elegiremos al Presidente de la República.

Sé que acabo de dar un salto enorme. Se dirán: “empezamos el párrafo leyendo sobre la elección del gobernador y terminamos hablando con la elección del presidente, ¿qué rayos tiene que ver una cosa con la otra”. Compañeros, ni me fui muy rápido ni ustedes se quedaron lejos. Así como con el gobernador, el presidente se elige a través del voto, y ya que el Estado de México representa unos jugosísimos (potenciales) 10 millones de votos, pues vale la pena darlo todo por él para que después la gente lo dé todo de sí como agradecimiento. Sí, somos clientes, sí la elección es un negocio. No, no debería ser así. Nadie debería anhelar poder por el propio gusto de tenerlo.

En fin, estoy seguro que todo lo que acabo de escribir lo pudo haber escrito cualquier mexiquense… palabras más, palabras menos. Y perdón por querer irme por la vía rápida. También estoy seguro de que habrá uno/a que otro/a que piense que “yo no sé nada” y que hablo sin el favor del conocimiento. Muy lamentable sin duda, pero sería peor si yo no me dignara a aportar algo. Tengo una responsabilidad que pienso atender; no sólo es opinar, sino que es oír, reflexionar, pensar, criticar, expresar. Todo eso me lleva al voto, pero no me deja estancado ahí. Ese es un primer paso de los muchos que se tienen que dar para alcanzar el cambio necesario.

Ahora sí. ¿Por quién ―no debemos― votar? Pues me gustaría decir que “depende”, pero basta de hipocresía. Mucho se ha discutido en estos días y con toda confianza puedo decir que no hay lugar seguro. Las familias están divididas, pues ahí tienen a los padres conservadores y a los hijos de izquierda. Los barrios están fragmentados, están los de la clase popular y los que acaparan la riqueza. Los municipios están fracturados, pues están los altamente industrializados y los que viven en las peores condiciones de pobreza. Todo eso se lo debemos a un sistema corrompido, lleno de engaños, mentiras y traiciones pero, sobre todo, a la casi absoluta ineptitud e incompetencia de los gobernantes, esos despreciables seres que elección tras elección prometen y no cumplen, esas aborrecibles personas que en cada campaña prometen arreglar lo que descompusieron. ¡Basta de ello!

Para todos es claro, necesitamos un cambio y éste no puede venir de los mismos que han estado ahí durante un siglo. La cura no viene de la enfermedad ¡claro que no, la política no funciona como las vacunas! El alivio no puede venir del malestar. Sí, el cambio empieza pero no se limita a una elección, pero la elección tiene que abrirle la puerta. Hay muchas maneras de resumir el fenómeno, una de ellas: “no puedes hacer lo mismo y esperar resultados diferentes”. Y de lo mismo ya hemos tenido suficiente, hemos aguantado demasiado y esto debe detenerse.

Pongan atención. Si hoy votamos por un partido diferente al que nos gobierna, hay altas, altísimas probabilidades de que durante 6 años vivamos arrepentidos, pero si votamos por el mismo de siempre nos esperará más de un sexenio de miseria. Y para ellos que se esmeran en defender la idea de que “es lamentable votar por la oposición por ‘el simple hecho’ de querer ver perder al gobierno”, yo les respondo: en eso se sintetiza el enojo, la frustración, la impotencia y el coraje… y me justifico: el pueblo está tan jodido que hoy por hoy no votan ni por un partido, ni por un candidato, ni por una propuesta… votan por un cambio y por una respuesta seria.

¹Pavel Atilano es egresado de la Licenciatura de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Autónoma del Estado de México y colaborador de ¡Revoluciona!

CAOS

POR MAURICIO BARRAZA

Llegó la época de elecciones en el estado de México y con ella el despilfarro, la hipocresía, las falsas promesas, la compra de votos, la contaminación visual, en pocas palabras la época más representativa de la política mexicana.

La peculiaridad  de las elecciones en el “Estado Libre y Soberano” de México es que representan la antesala a las elecciones presidenciales del próximo año, y parece obvio pero voy a resaltar para los despistados y para quienes no están familiarizados con la política mexicana que cada 6 años representan lo mismo.

Sumado a lo anterior, estas elecciones son aún más fundamentales ya que por el contexto de violencia, de deslegitimidad del gobierno federal priista (encabezado por un mexiquense), de descrédito de la clase política (casi en su totalidad) y de hartazgo social;  el Partido Revolucionario Institucional tiene una posibilidad real de perder lo que nunca ha perdido, lo que siempre ha conservado como una reliquia, como un santuario, como un laboratorio político para probar sus mañosos experimentos y corruptelas que posteriormente ha de aplicar a nivel nacional, me refiero a la posibilidad de perder al estado de México.

Si el PRI pierde al estado de México en las próximas elecciones del 4 de junio será el acabose sobre todo por dos factores. 1) No habrá cómo poder tan siquiera competir dignamente en las elecciones presidenciales de 2018. 2) Sospecho, además, que las instituciones mexiquenses, hormigueros de priistas (y no hago referencia a los hormigueros porque dentro de las instituciones se encuentren priistas trabajadores, sino más bien porque hay un chingo), sufrirán un caos interno intentando comprender los porqués de la derrota “del partido” y la mayoría de sus trabajadores se verán confusos  y bastante nerviosos al ver su futuro laboral-clientelar incierto. Y es que 80 años se dicen fácil pero si hay un lugar en donde exista un modo de vivir “priista” es en las instituciones mexiquenses sobre todo, claro está, en la Administración Pública.

La Universidad Autónoma del Estado de México también se verá susceptible a este caos, y es que los modos priistas se han replicado en esta noble institución en donde el debate muchas veces es censurado y donde la obediencia y disciplina mandan ante la razón y la crítica, sobre todo de sus funcionarios. Pero claro, el presupuesto de la Universidad depende en gran medida de la partida estatal, siendo así cómo no va a quedar sujeta a las voluntades de sus gobernantes quienes además ven en la universidad un semillero de militantes, sobre todo en las Facultades de Ciencias Políticas y Sociales y de Derecho; “con dinero baila el perro”. Además una gran cantidad de maestros de asignatura son funcionarios públicos (cabe aclarar que en el estado de México decir “funcionario público” es casi igual a decir “priista”) o de plano militantes “del partido”, y son ellos quienes se encargan de “amaestrar” a los “estudiantes” en los quehaceres priistas, o mínimo de difundir su ideología de partido. En fin, ese es otro tema del cuál con gusto escribiré. El chiste es que de perder el PRI el estado de México, sospecho que las dinámicas de la UAEM tanto de funcionarios, maestros y estudiantes se verán afectadas, causando un caos en la cúpula de la UAEM.

Antes de hablar sobre los candidatos y los otros partidos seguiré dedicándole unas cuantas líneas al Revolucionario Institucional… ¿? … ¿Revolucionario Institucional?… suena un poco a contradicción ¿una revolución institucionalizada?… Qué más da, de cualquier manera es una mierda. Y sí, me atrevo a describirlo así, tengo la legitimidad para hacerlo por dos cosas, soy ciudadano en los términos que marca la constitución y puedo expresarme libremente y además, con pena, confieso que durante dos años de mi vida fui priista o por lo menos estuve inmerso en sus dinámicas. Pero dos años me bastaron para convencerme de lo que no quería ser ni hacer, dos años me bastaron para percatarme de todo el cochinero que se vive dentro de ese partido. En menos de un mes trabajando para el PRI, me encontraba repartiendo despensas, acompañando la organización de las estructuras clientelares, asistiendo a actos de campaña con las “estructuras” acarreadas literalmente a cambio de gorras, playeras, tortas y refrescos; a cuatro días de las elecciones presidenciales de 2012 me encontraba repartiendo sobres con 500 pesos para los cientos que habían hecho bien su “trabajo” en el seccional. Pasadas las elecciones fui reclutado de nuevo, precisamente por una profesora de la UAEM, para formar parte de una Asociación Civil, misma que serviría a los intereses mezquinos del partido a través de la obtención de recursos para las comunidades. Obviamente quien salía beneficiado con ello era la estructura municipal del partido a través de la “Secretaria de Gestión Social del Comité Municipal del PRI”. Lo último que recuerdo de mi vergonzoso pasado priista es la asistencia como parte de una multitud de acarreados extasiados gritando a más no poder y echando las famosas “porras” (muy comunes en el priismo) a un meeting en el hoy extinto Hotel del Rey, en donde se presentaban los nuevos dirigentes de la estructura estatal “del partido”, fue entonces cuando rompí la alienación y me eché a llorar de culpa.

Aún a la fecha cuando voy caminando por los pasillos de mi facultad y en alguna que otra clase me topo con compañeros fieles a más no poder a la ideología y militantes “del partido”, me pregunto si algún día se darán cuenta, como yo, de toda la porquería que implica ser priista, me pregunto también cuántos sapos estarán dispuestos a tragarse sin hacer gestos para llegar a tener algún puesto de alguna relevancia en “el partido”, me pregunto qué opinan de Tlatelolco, el halconazo, la guerra sucia de la década de 1970, de la caída del sistema, del asesinato de Colosio, de Ruiz Massieu, de Acteal, de Ayotzinapa, de Tlatlaya, de la casa blanca de Peña Nieto, de Arturo Montiel, de Fidel Herrera, de Tomás Yarrington, de Andrés Granier, de Javier Duarte, de César Duarte, de Borges, del #YaMeCansé, del #YaSéQueNoAplauden, de los chayotazos, del charrismo, de los periodistas asesinados, del pseudoperiodismo de Ricardo Alemán, de Ciro Gómez Leyva, de OHL, de Xochicuáutla, de la frase “un político pobre es un pobre político”, del “pan” y del “palo”, del autoritarismo represor priista del siglo XX, de la compra de votos, de los acarreados, de la entrega de despensas… Y no sólo me pregunto qué pensarán ellos, estudiantes de Ciencias Sociales, sino también qué pensarán los maestros funcionarios públicos o militantes, y no sólo me pregunto qué pensarán los maestros, estudiantes, o funcionarios, sino en general ¿qué pensarán los priistas sobre todo esto? ¿Tendrán alguna opinión formulada o simplemente se hacen como que no pasa nada? ¿No saben de historia? ¿Realmente es tanta su avaricia que están dispuestos a aguantar todo esto con tal de un “hueso”? ¿O será que para ellos en verdad no pasa nada? Esto último sería el peor colmo.

Pago por ver que el PRI pierda el estado de México. Quizá no pase nada, quizá el priismo ya haya rebasado cualquier oportunidad de cambio social en el Estado y haya dejado su semilla en el modo de vivir de los mexiquenses, lo que implicaría que no importa si militas en el PRI, PAN, PRD o MORENA, milites en donde milites siempre llevarás a un priista dentro de ti. Me declaro optimista, espero que pueda existir un cambio tanto de partido político en el poder del estado de México, como en las dinámicas sociales y en las instituciones mexiquenses. Un cambio para bien claro está.

Hablar del PAN es hablar de la derecha conservadora, a favor de los intereses económicos de particulares y de las élites. Hablar del PAN es hablar de políticas retrógradas en contra de las minorías como las personas homosexuales o de las mujeres al no permitir el aborto o los matrimonios entre personas del mismo sexo y ni hablar de las adopciones por parte de estas. Hablar del PAN me recuerda a Felipe Calderón, expresidente de México y persona nefasta que dejó a México sumido en una ola de violencia que derivó que en 2016, éste fuera el segundo país con más muertes a causa de la violencia solamente detrás de Siria; además me recuerda un tipo misógino y borracho, perverso y corrupto. Lo siento, parecería que soy alguien altanero pero la verdad es que FeCal le robó la tranquilidad a mi adolescencia e hizo que creciera inmerso en una dinámica en la cual lo que más veía en los medios de comunicación eran los narco-mensajes y los decapitados del día.  Hablar del PAN es hablar de intolerancia a lo diferente, a lo que no pertenece a su “clase”. Hablar del PAN es hablar de un verdadero peligro para México, esto es el hecho de que la laicidad del Estado mexicano se pierda. Hablar del PAN en el estado de México es hablar de Josefina Vázquez Mota, quien usa el desprestigio para atacar a sus oponentes y la amenaza machista de que si los “maridos” no van a votar entonces no habrá “cuchi cuchi”. El PAN no es una opción ni de cerca, hablar del PAN es hablar del PRI sólo que más conservador y más a la derecha.

Hablar del PRD…………………………………………………………………………………………………………………………… Hablar del PRD es… hablar de un partido “de izquierda” totalmente fragmentado que se ha vuelto lacayo de los dos anteriores aquí mencionados, si no es que ya convertido en un partido satélite de los más poderosos quienes desean que no exista una verdadera izquierda en México, una verdadera izquierda que se preocupe por las minorías, por el pueblo, por los de abajo, una izquierda progresista. Por ello es que a pesar de que Juan Zepeda se muestra como una opción atractiva por sus propuestas progresistas y su habilidad discursiva, no termino de confiar en su sinceridad. Me pregunto si efectivamente no le estará haciendo el juego al PRI y cumpliendo desde ahora el papel de un partido satélite, es decir aquellos que les sirven a otros partidos para captar votos de diferentes sectores. En este caso específico el PRD no estaría captando más votos para el PRI, sino restándole votos al principal adversario en esta elección para el Revolucionario Institucional, es decir, restándole votos a MORENA.  Si hubiera segunda vuelta electoral otra cosa sería, pero esa es otra historia.

Hablar de MORENA es hablar de Andrés Manuel López Obrador, la figura que se perfila como el principal candidato para ganar las elecciones presidenciales de 2018, MORENA es un partido hecho a su medida. Por supuesto que el Peje está “echando toda la carne al asador” para ganar el estado de México y es que de la misma manera en que si el PRI pierde el estado de México no hay fuerza humana que lo ayude en la carrera presidencial del próximo año, si MORENA gana en el estado de México no va a haber quién detenga a López Obrador en 2018. Delfina Gómez por su parte aparenta ser una política diferente, del pueblo, cercana a la gente, aunque en su discurso no ha tomado una postura contundente en ciertos temas que corresponden a la izquierda lo que podría denostar una falta de carácter…y de contundencia. Lo anterior, a su vez, le ha permitido a Juan Zepeda, candidato del PRD, captar las intenciones de voto de los jóvenes, error que le podría costar caro a MORENA.

Omitiré hablar de Alfredo del Mazo Maza. Basta el nombre, el primer apellido y el hecho de ser del PRI para saber qué clase de político es, ya he dedicado bastante de este escrito “al partido”. Quizá sólo sea relevante mencionar el parentesco en primer grado con el presidente de la República, Enrique Peña Nieto.

Queda mencionar que a falta de segunda vuelta electoral la opción más viable para quienes anhelamos un cambio es votar útilmente. Es decir, votar por quién tenga la mayor posibilidad de ganarle al Statu Quo.

¡Abajo y a la izquierda!