11 TESIS SOBRE EL CHAIRISMO

POR MAURICIO BARRAZA

Este escrito no pretende ser un artículo académico ni científico. No se dejen engañar por el título, lo que sucede es que leyendo las “11 tesis sobre Feuerbach” de Karl Marx me surgió la idea de blasfemar con el título y remplazar aquel apellido alemán impronunciable con una palabra de casa acompañada, claro está, por su artículo correspondiente. De tal manera este intento de ordenamiento de ideas lleva por título el que todos ustedes ya saben.

Recientemente causó impacto, sobre todo en el mundo virtual de algunos ilustrados universitarios de ciencias sociales, la incorporación del término “chairo” al Real Diccionario de El Colegio de México (Diccionario del Español de México, por su nombre oficial), cuya definición es la siguiente:

Persona que defiende causas sociales y políticas en contra de las ideologías de la derecha, pero a la que se atribuye falta de compromiso verdadero con lo que dice defender; persona que se autosatisface con sus actitudes.

Esta definición viene precedida de información que nos aclara, a los menos conocedores de la gramática, que la palabra puede ser adjetivo o sustantivo. Asimismo el reconocidísimo Diccionario del Español de México nos enfatiza que la palabra “chairo” es utilizada de manera ofensiva, lo cual me da pie a comenzar con la primera tesis.

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La definición adoptada por los intelectuales y académicos de El Colegio de México, al considerar como “ofensivo” el término chairo, deja de lado el sentir de aquellos quienes estamos orgullosos de identificarnos como tal. Lo mismo sucede, por ejemplo, con el término “puto”, utilizado ofensivamente por los intolerantes y machistas para referirse a las personas homosexuales, con certeza hay personas gays que se enorgullecen de ser “putos” así como hay personas que defendemos las causas sociales y políticas en contra de las ideologías de derecha que nos enorgullecemos de ser llamados “chairos”. Si se nos atribuye “la falta de compromiso verdadero” con lo que “decimos defender” es sencillamente consecuencia del capitalismo, al cual no escapa ni nuestra realidad, ni nuestras relaciones sociales, ni nuestras relaciones económicas. El capitalismo ha permeado de una manera inevitable dentro de cada uno de nosotros y de nuestras dinámicas. Así si queremos ir a una protesta ambiental en contra de la tala de árboles, como lo es #AbracemosTollocan, tenemos que trasladarnos en autobús cuya emisión de contaminantes es bastante considerable por el mal estado de los buses o, en el peor de los casos, en automóvil. Si no utilizamos bicicleta es porque estamos demasiado jodidos y oprimidos económicamente a causa de la voracidad del capitalismo y tenemos que decidir si comprar una bici o poder inscribirnos al próximo semestre a una Universidad “Pública” que en promedio cobra más de 3500 pesos al semestre, o porque tenemos miedo de que algún automovilista o camionero imprudente nos arroye con todo y bicicleta. Ahora, si queremos hacer llegar los ideales del movimiento a más personas utilizamos hojas de papel no reciclado, cuya producción fue posible gracias a la tala de árboles (y es que las recicladas son bien caras y o nos compramos nuestro almuerzo o compramos el ciento de hojas recicladas y pues cómo vamos a aguantar el día entero); o bien utilizamos la plataforma de facebook para crear una página y estar subiendo la información, y de paso hacemos más rico a Mark Zuckerberg. Así nos damos cuenta de que carecemos de una “falta de compromiso verdadero” aunque sea debido a una serie de condiciones que no podemos evitar, aunque no las queramos tener, por lo que nos tenemos bien merecido el ser llamados “chairos” pero no como una ofensa de sino como un orgullo.

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La derecha, cada vez más intolerante, necesita que los de la izquierda se sientan ridiculizados por defender sus ideales y para ello utiliza un término despectivamente  hacia los zurdos. Los de izquierda no debemos de sentir vergüenza de ser llamados “chairos”, por el contrario necesitamos reivindicar el chairismo.

      Retomo el ejemplo del “Orgullo Gay” y lo ejemplifico tomando el caso de un diputado brasileño, Jean Willys. Este diputado del Partido Socialismo e liberdade (PSOL) representa y defiende a la comunidad gay. Sin embargo, en Brasil, el país más homofóbico del mundo, esta tarea no es fácil; y menos en un Congreso plagado de intolerancia y conservadurismo. Un diputado de derecha llamó a Willys de “viado”, lo equivalente a “puto” en México, a lo que el congresista del PSOL respondió: “Si piensan que diciéndome puto me van a avergonzar están muy equivocados. Sí, soy puto y todos los días me siento muy orgulloso de serlo”.

      Así con el chairismo. Lo que buscan los intolerantes es imponer sus reglas, que no se les cuestione y si se les cuestiona que sea de acuerdo a sus parámetros de respeto y oficialismo, que no se altere el orden establecido que les conviene para la perpetuación de sus privilegios. Si los de derecha, sean declarados o de closet, con el fin de avergonzarnos salen gritando por ahí a todos quienes alzamos la voz en contra de las injusticias sociales y económicas “¡pinches chairos!”, lo mejor que podemos hacer es reivindicar el término y sentirnos orgullosos de serlo.

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La dicotomía izquierda-derecha no ha quedado rebasada ni nunca quedará. Los intelectuales que aboguen por ello son quienes habrán quedado rebasados por la realidad. Lo que existe es una falta de claridad política derivada de la pérdida de identidad ideológica. A los de derecha, o sea los de arriba, o sea los conservadores, o sea los más privilegiados, o sea los ricos más ricos, les conviene la pérdida de identidad e identificación de los de abajo para que no nos podamos organizar, para que no podamos revolucionar en torno a objetivos en común, objetivos de los de abajo, objetivos de izquierda. Por lo que utilizan el término “chairo” de manera despectiva. No caigamos en provocaciones.

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A los chairos nos falta imaginación y nos hemos creído lo negativo del término. Para nombrar a los defensores de la derecha se ha utilizado el término “derechairo”. A ellos les es difícil ponernos en una categoría o definirnos despectivamente pues ¿cómo nos llamarían de no ser “chairos”? ¿Luchadores sociales? ¿pobres? ¿defensores de los derechos humanos? ¿anarquistas? ¿zurdos? ¿rojos? En todo caso les es difícil encontrar algún término despectivo que generalice a aquellos que queremos una sociedad mucho más igualitaria, equitativa y libre. A ellos es fácil llamarles por su nombre: intolerantes, racistas, homofóbicos, machistas, potentados, corruptos, abusivos, saqueadores, etc.

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Si bien el “chairismo” engloba a los defensores de las causas sociales, políticas y económicas de izquierda y por ende en contra de la derecha, no existe un solo tipo de chairo. Todos y cada uno de ellos contribuyen a su manera a la toma de consciencia, a la emancipación intelectual, al despertar social. Hay quienes dentro de los chairos, son los menos favorecidos y por tanto quizá los más radicales. Están también los que tienen facilidad para la palabra y no tanto para la acción, y lo contrario. Existen los que aún no saben que lo son. También están los que no quieren aceptar que lo son (en ellos ha hecho efecto la denostación del término por parte de los diestros). En resumen, 1) Chairos intelectuales; 2) Chairos revolucionarios; 3) Feministas; 4) Ambientalistas; 5) Pacifistas; 6) Anarquistas; 7) Veganos y demás. Todos merecedores de respeto y reconocimiento. Ejemplos de ellos son: Karl Marx, Fredrich Engels, Antonio Gramsci, Slavoj Zizek, Rosa de Luxemburgo, Bakunin, Oscar Wilde, Pablo Neruda, José Martí, José Mujica, Ernesto Guevara, Fidel Castro, Subcomandante Marcos (hoy Galeano), Emiliano Zapata, Clara Campoamor, Simone de Beauvoir; Martin Luther King, Gandhi; entre muchos otros.

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Antes de la existencia del vocablo “chairo” existían otros términos para intentar denostar a las voces críticas y emancipadoras de la sociedad. Hace algunos milenios, antes de que el cristianismo se institucionalizara en lo que hoy llamamos “Iglesia Católica”, la locución “cristiano” cumplía esa función. En la Edad Media quienes se atrevían a cuestionar el statu quo eran “brujas” o “herejes”. A partir del siglo XIX fueron llamados “comunistas” lo que perduró hasta finales del siglo XX con la caída de la Unión Soviética. Así es como los derechistas posmodernos mexicanos adoptaron la palabra “chairo”. Curioso que en un mundo globalizado los términos para llamar a los desertores del statu quo se hagan locales. He aquí un tema para investigar.

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Ser “chairo” no es sinónimo de ser ignorante. Por el contrario es sinónimo de ser consciente e intentar, por lo menos, cambiar nuestras realidades para el bien común.

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Los que de arriba, sean burócratas, políticos, administradores, directivos, empresarios, machos, etc., no toleran que se les cuestione, no les gusta debatir. Tienden a huir de quienes cuestionamos o a ignorarnos como si no existiéramos, si no huyen nos reprimen, nos desaparecen, nos matan, y en el mejor de los casos intentan ridiculizarnos o ignorar nuestros argumentos diciéndonos locos, utópicos, feminazis, chairos. Lo que no saben es que esos términos son vientos que nos dan oxígeno y nos impulsan a seguir luchando. Es decir, entre más intenten enterrarnos más vamos a florecer.

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El chairo no nace, se hace. Y se hace a través del estudio, de la reflexión, del debate, de la discusión, del intercambio de ideas. El mejor lugar para convertirse en chairo es la universidad ya que ahí existen todas estas oportunidades y, además, dentro de las universidades, también existen carencias, injusticias y absurdeces contra las cuales luchar. Los chairos universitarios tenemos la obligación, por nuestro carácter de universitarios, de difundir el chairismo para la reivindicación de nuestros derechos y libertades como sociedad.

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Por el simple hecho de ser chairos no sabemos menos ni sabemos más de nuestra realidad. Eso depende de nuestras conciencias y de qué tan alerta estemos de los síntomas que aquejan a nuestra sociedad y de la capacidad que tengamos para intentar remediarlos prácticamente desde una perspectiva social, crítica, igualitaria, equitativa y constructiva.

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El chairismo se trata de la revolución de las conciencias para la emancipación social y política desde abajo y a la izquierda.

 

 

POR LA REIVINDICACIÓN DEL “CHAIRISMO”

 

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