¿PUEDE HABER HOMBRES FEMINISTAS?

Por: Pavel Atilano

A manera de “prólogo”

Cuando un hombre escribe, habla o escucha sobre feminismo debe tener sumo cuidado puesto que no es una lucha que nos pertenezca ni un movimiento en el que seamos los protagonistas. Por ello debemos entender que nuestro papel, además de secundario, es más bien de reflexión interna, de deconstrucción de nosotros mismos y de nuestras creencias y acciones sociales. Debemos, asimismo, reconocernos como opresores históricos, percibirnos como inmersos en una realidad machista que nos ha beneficiado y nos beneficia aún hoy en día y de la cual nos aprovechamos. Debemos reconocernos también como adscritos a una cultura patriarcal, de nuevo machista. Es decir, nuestros deberes radican en una autoevaluación como hombres, no en una evaluación sobre el feminismo.

Solamente si como hombres nos reconocemos opresores, inmersos y adscritos a una realidad y cultura machistas, y comenzamos a cuestionar el porqué de todos nuestros beneficios y ventajas históricas, entonces estaremos contribuyendo a la lucha, al movimiento feminista, sin perder de vista que no somos, ni debemos  ser más, los protagonistas. Sin embargo vale la pena estar informados sobre lo que es y lo que no es el feminismo, esto para no caer en señalamientos marcados de ignorancia y permeados por un machismo cultural e intelectual.

El siguiente es un intento valiente de responder a  una pregunta polémica y por tanto debatible. No cabe a ninguno del sexo “hombre” determinar si puede o no haber hombres feministas, sin embargo considero importante que nos replanteemos cuestiones que nos lleven a un debate sobre nuestro papel en la lucha, que nos lleven a entendernos y a comenzar a develarnos y reconocernos como opresores para que sólo así podamos avanzar en la deconstrucción de nuestra esencia de machos ya que es una realidad que no podemos permanecer ajenos ante tantas injusticias históricas de las que somos causa. Cuando el autor escribe que “los hombres somos un elemento con valor simbólico y, hasta cierto punto, también podemos ser facilitadores para el logro de los objetivos” hace referencia precisamente a nuestro papel histórico de opresores y a que sin un reconocimiento como tales y sin una discusión desde nuestra trinchera secundaria y entre nosotros como hombres, el movimiento feminista se topará con un obstáculo que será nuestra incapacidad de asimilar la lucha y, por tanto, con un rechazo violento, consecuencia de nuestra cultura machista y opresora. Al mismo tiempo nuestro “papel de facilitadores” radica en lo anterior, es decir, en reconocernos como agentes sociales históricamente violentos, para que así mediante ese reconocimiento seamos cada uno un obstáculo menos para la lucha feminista que al fin de cuentas y como consecuencia colateral de la reivindicación de las mujeres busca nuestra reivindicación como hombres libres de una cultura patriarcal, machista y, como efecto, opresora; una sociedad sin privilegios por tanto libre.

Mauricio Barraza

 

(Breve opinión de un hombre al respecto)

Antes que nada, invitar a todo el mundo a que entiendan ―o, más importante todavía, que estén en disposición de entender― dos cosas muy simples. La primera es una noción básica de lo que SÍ es el feminismo; la segunda es una noción básica de lo que NO es el feminismo. Sólo quiero que sepan que en este breve espacio no se dará una cátedra completa al respecto, puesto que sería muy pretencioso intentar reducir en un par de cuartillas un tema tan amplio.[1] Atención a lo siguiente:

  1. El feminismo es un movimiento con connotaciones políticas, sociales, económicas y culturales que inició en el siglo XVIII. Desde esos años hasta la actualidad no se ha detenido (cuestión por la que hay que mostrar gratitud, al mismo tiempo que debemos dar un reconocimiento a tantos esfuerzos). Este fenómeno busca la igualdad de trato hacia las mujeres, la no discriminación,[2] su empoderamiento y la representación descriptiva y sustantiva[3] dentro de los espacios públicos e institucionales. Los medios por los cuales se intenta materializar cada meta son muy variados, pero ninguno de ellos pretende generar supremacía, violencia, humillación, oprobio, etc., en contra de ningún grupo o persona.
  2. El feminismo no es una moda, no es una tendencia, no es una “batalla de medios sociales”, ni mucho menos es una cuestión de menor importancia. Este fenómeno no busca generar desigualdad hacia ningún grupo humano, ni tampoco intenta robar empleos, secuestrar niños para sacrificarlos, robar aviones para estrellarlos contra los edificios, ni ninguna de esas cosas que a mucha gente desinformada le pasa por la cabeza cuando oye pronunciar esta palabra. Hago énfasis en esto de la desinformación, porque ello contribuye negativamente a perpetuar los estereotipos y los prejuicios que tanto dañan a toda persona que sin miramientos gusta de autodenominarse feminista.

No hay que hacer un doctorado en ciencias sociales ―tampoco en ciencia ocultas o en teología― para darse cuenta que dentro de las comunidades humanas las diferencias son una parte inherente de éstas, es decir, que no todas/todos pensamos igual, ni actuamos igual, ni hablamos igual y, es más, ni siquiera estornudamos igual (y eso que los estornudos son algo que todo mundo hace). Es tal vez por esta razón que al feminismo no todas/todos lo entienden y practican de la misma manera. Y he aquí el meollo del asunto:

Hay personas que tan perdidas están en el feminismo que:

  • no saben qué es;
  • no saben para qué sirve;
  • no saben cómo se hace

Y quien HACE sin SABER, seguramente se va a equivocar. Ahora piensen, ¿qué pasa si otra persona que TAMPOCO SABE se pone a prejuzgar y enjuiciar? Bueno, mi querida gente, esta es la situación de cada día. Hasta aquí la reflexión. Ahora vamos a responder la pregunta inicial: ¿Puede haber hombres feministas? Pues bueno, hasta hace un tiempo la respuesta unísona era SÍ, pero de algún momento para acá han habido discrepancias al respecto…

Hay quienes dicen que los hombres NO pueden ser feministas por el hecho de que a lo largo de la historia nosotros no hemos sufrido las mismas penurias que han pasado nuestras compañeras. Y esta es una verdad. Aunado a eso, podemos sugerir que hasta el día de hoy nosotros (los varones) muuuy afortunadamente seguimos teniendo ventajas inmerecidas. Pero bien, no sólo se trata del hecho de que NO hemos vivido las mismas experiencias, sino que estamos físicamente imposibilitados de tenerlas ¿por qué? Pues claro, porque no somos mujeres.

El ejemplo me asiste. Piensen en dos familias distintas, la X y la Y. Ambas están formadas por un padre, una madre y una hija… y sucede lo siguiente: la hija de la familia X sufre un accidente y fallece (la tristeza embarga a la Sra. y al Sr. X). Ante la situación, la Sra. y el Sr. Y les hacen una visita y les dicen “no podemos sentir lo que están pasando, pero sabemos que debe ser difícil, pues en nuestro caso estaríamos en llanto si le pasara algo a nuestra hija”. ¿La Sra. y el Sr. Y actuaron correctamente? SÍ, desde luego, puesto que NO están pasando por el sufrimiento que están pasando la Sra. y el Sr. X, pero ―como son educados― les ofrecen solidaridad y apoyo.

En nuestro ejemplo, la Sra. y el Sr. Y tendrían que perder a su hija para poder sentir lo mismo que la Sra. y el SR. X, pero como no es así, son física y emocionalmente incapaces de hacerlo. Regresando al punto, ¿los hombres podemos sentir lo mismo que las mujeres (hablando exclusivamente de la materia que aquí nos ocupa)? No, claro que no. Pero lo que sí podemos es ser empáticos con su situación, tratar de ser sensibles y estar dispuestos a ayudar.

De esta manera, mi opinión es: no, los hombres no podemos ser feministas, pero sí podemos ser sensibles ante los hechos, podemos ayudar a cambiar las cosas y tenemos que ser aliados de las mujeres. Si se nos excluye ―adrede y con dolo―, el feminismo replicaría los errores que trata de remediar. En este sentido los hombres somos un elemento con valor simbólico y, hasta cierto punto, también podemos ser facilitadores para el logro de los objetivos.

Lo anterior por el hecho de que hemos sido quienes provocaron los problemas de opresión hacia las mujeres. Pero si estamos dispuestos a dejar de actuar como lastre y a renunciar a determinadas actitudes, dejar de hacer ciertas cosas y modificar algunos de nuestros pensamientos consecuentes del machismo, entonces seremos parte de la solución. Me parece correcto que tratemos de revertir los males, pues la suma de voluntades (de ellas y de nosotros) es preferible que actuar aislada y descoordinadamente.

Cualquiera que piense que estoy en un error o que mi perspectiva está sesgada, puede ofrecer sus argumentos (preferentemente informados) al respecto, porque soy consciente de que los cambios ―en esto y en todo― son constantes. Hay que renovarse o morir.

Apartado especial

Olas del feminismo y obras representativas[4]

El siguiente listado comprende lo que típicamente hemos conocido como “olas y obras feministas”, ello visto desde la perspectiva estadounidense y europea (a quienes podemos reconocer como las iniciadoras de los movimientos feministas a nivel intercontinental). La intención no es degradar los aportes hechos desde, por ejemplo, América Latina, mismos que con toda seguridad ofrecen campos de visión variados y ricos que espero puedan revisar con el debido tiempo.

La primera ola feminista se dio durante la época que denominamos “movimiento de la ilustración; siglo de las luces; o siglo de la razón”. En este momento se luchaba por que el conocimiento ―y el acceso a él― fuese efectivamente universal, es decir, tanto para hombres y mujeres.

  • De l’egalité des deux sexes: discours phisique et moral, où l’on observe l’importance de se débarrasser des préjugés. (Trad.: Sobre la igualdad de los sexos, discurso físico y moral, en donde se observa la importancia de deshacerse de prejuicios). Escrito en 1673 por François Poullain de la Barre; esta sería la primera obra considerada como feminista y en favor de la igualdad entre mujeres y hombres.
  • A vindication of the rights of woman. (Trad.: Una vindicación de los derechos de la mujer). Escrito en 1792 por Mary Wollstonecraft; en esta obra, la escritora evidenciaba las conductas y costumbres que condicionaban la situación de las mujeres a recibir un trato injusto.
  • Déclaration des droits de la femme et de la citoyenne. (Trad.: Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana). Escrito en 1791 por Olympe de Gouges; en ésta proponía la emancipación de las mujeres y la igualdad de derechos políticos entre mujeres y hombres. “Estas ideas (…) empujarán posteriormente a otras mujeres a organizarse por primera vez y a luchar para obtener derechos políticos en sus países” (curso Políticas, 2018).

La segunda ola feminista ocurrió durante los siglos XIX y XX. De origen en Estados Unidos de América, sirvió como modelo para los movimientos feministas en Europa, principalmente en Inglaterra; en este periodo las mujeres lucharon por el reconocimiento de sus derechos políticos (votar y ser votada), así como “un mayor acceso a la educación y salarios igualitarios” (curso Políticas, 2018).

  • Declaration of sentiments (Trad.: Declaración de sentimientos [Convención de Séneca Falls]). Dicho acontecimiento tuvo lugar en Nueva York en 1848 y fue organizado por Lucrecia Mott y Elizabeth Cady Staton; “en esta convención, se expuso el contexto de desigualdad en la que vivían las mujeres norteamericanas y de ello resultó la firma y publicación de ‘La Declaración de Sentimientos de Séneca Falls’. Este documento simbolizará la primera acción colectiva de mujeres y hombres en favor de los derechos políticos de las mujeres” (curso Políticas, 2018).

Gracias a las acciones impulsadas por Elizabeth Cady Staton y Susan B. Anthony se creó en 1888 en Washington el International Council of Women[5] (trad.: Consejo Internacional para las Mujeres).

Tercera ola del feminismo: en esta época se buscó que las mujeres pudieran ocupar más espacio en los ámbitos público y político con el afán de lograr su representación efectiva y la protección de sus intereses. Las activistas utilizaron el eslogan “Lo personal es político”, cuyo objetivo era “criticar que ciertos asuntos de la relación entre mujeres y hombres eran considerados como propios de la esfera privada y no merecían un debate dentro del ámbito político o público” (curso Políticas, 2018).

[1] Al final del texto principal habrá un apartado especial con el que se busca dar información académica extra, la cual, confío, sea de mucha utilidad para toda persona interesada en el feminismo.
[2] El derecho a la no discriminación no prohíbe toda diferenciación. No conlleva un mandato de tratar a las personas con una igualdad a rajatabla. Prohíbe las diferenciaciones en el goce de derechos injustificadas desde una perspectiva constitucional (curso Políticas, 2018).
[3] De manera simple, la representación descriptiva significa que hay mujeres en los espacios públicos e institucionales, pero la representación sustantiva alude a que las mujeres lleven a cabo acciones que las beneficien en un sentido material y formal. Más al respecto en: http://www.libreriacide.com/librospdf/DTAP-294.pdf
[4] Se obtuvieron del curso Políticas del TEPJF-INMUJERES-CIDE, en: http://politicas.mx/
[5] Hay que resaltar los movimientos internacionales surgidos con el mismo enfoque, es decir: la Alianza Internacional para el Sufragio Femenino en 1904, la Internacional Socialista de Mujeres en 1907 y la Liga Internacional de las Mujeres para la Paz y la Libertad en 1915 (curso Políticas, 2018).

 

Exprésate!

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