¡SÍ A LA REFORMA DE LA UAEM!

Por: Mauricio Barraza

La Universidad Pública es una institución fundamental para la comprensión y la transformación de nuestra realidad, así como de los desafíos que se nos presentan como sociedad y como seres humanos en un mundo en donde las condiciones sociales y humanas son cada vez más atroces derivadas de un culto a la producción y al consumo irracionales. Producción de conocimientos y técnicas hiper especializadas, útiles a una lógica mercantil en donde lo que importa son las ganancias que este conocimiento y que estas técnicas puedan generarle a quienes siempre se han sentido y quienes han actuado como los dueños de la voluntad humana. Producción de necesidades imaginarias de consumidores enajenados, bombardeados de una ideología neoliberal que cada vez más acentúa, “voluntariamente a fuerzas”, las desigualdades sociales, económicas y humanas.

La Universidad se inscribe dentro de todas las instituciones sociales como una que, se supondría, incentiva la reflexión y el actuar críticos. Sin embargo, es un error separar a la universidad del contexto político, económico y social, como si fuese un islote mágico en donde nada pasa al mismo tiempo en el que todo acontece. Para que quede más claro, la Universidad Pública guarda una correlación estrechísima con la sociedad a la que pertenece. Y así como la sociedad es controlada y gobernada, la universidad también lo es. Esta correlación no sólo es lógica sino también obvia cuando recordamos que la mayor parte del presupuesto de la Universidad Pública depende de la voluntad estatal y federal. Si a lo anterior le sumamos que los actores políticos de quienes depende dicha “voluntad estatal y federal” defienden “intereses mayores” económicos, políticos y sociales, dictados por instituciones globales con una ideología neoliberal, tales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, con fines de incentivar el libre mercado, entonces es fácil deducir que las tareas, la estructura, el gobierno y las políticas universitarias estarán encaminadas a mantener el estado de las cosas, a mantener la ideología y la acción neoliberales.

¿Y la crítica y la reflexión que se suponen inherentes al quehacer universitario, en dónde quedan?

Cualquier reflexión y acción encaminadas a la crítica severa del sistema económico capitalista-neoliberal y de sus consecuencias quedan limitadas, cuando menos simuladas. Esto se acentúa aún más en las universidades estatales, en donde el encargado de la política estatal es algún partido o actor político comprometido con este sistema. Cabe aclarar que muy probablemente los encargados de las políticas universitarias, estatales, e incluso las nacionales, no tengan conocimiento teórico alguno sobre el sistema al que le están siendo funcionales, sino más bien actúan por inercia y, sobre todo, porque saben que serán bien recompensados, ya sea de manera económica, de manera política, o bien gozando de una impunidad necesaria.

Así, a través del control, casi discrecional, del presupuesto y los recursos de las universidades y de los intereses políticos y económicos de quienes dirigen tanto la universidad como el país, la institución universitaria queda sujeta a una serie de disposiciones que parecen rebasarla contundentemente. Por lo anterior la crítica y la reflexión inherentes al quehacer universitario desaparecen, son limitadas, cuando menos simuladas, y, más bien, reemplazadas por una “inevitable” adaptabilidad de la universidad a su contexto, aunque este sea terrible y aunque esto signifique un paso más para la muerte de la publicidad de la universidad.

La Reforma a la Ley de la Universidad Autónoma del Estado de México obedece a esta condición de adaptabilidad. La crítica hace mucho que fue sofocada, y la reflexión, limitada. La UAEM, en su parte directiva, administrativa y de gobierno, nunca se ha caracterizado por hacerle frente críticamente a las condiciones sociales en las que se encuentra el estado de México, y el país en general. Más bien se ha posicionado como una institución que antepone los intereses económicos y políticos de una élite a los intereses sociales de una mayoría. Alejada de la sociedad y cercana a los políticos priístas del estado simula apertura y democracia, cuando en realidad lo que existen son barreras físicas y simbólicas que la separan de la ciudad y sus habitantes a quien se debe, así como una falsa democracia en sus procesos internos de toma de decisiones y de elecciones de directivos, y también un hostigamiento a las voces críticas de los diversos sectores de la comunidad universitaria.

Bajo el pretexto de modernización,  innovación y homologación con las leyes estatales y federales se pretende una adaptación a las exigencias del mercado y del modelo económico neoliberal. Quienes sostengan lo contrario son cínicos o desconocedores del tema.

Bajo el pretexto de sobreponerse a la crisis financiera en la que se encuentra la educación pública, y más específicamente la educación pública universitaria, la Reforma a la Ley de la UAEM busca un autofinanciamento a través de la prestación de servicios, instalaciones, estructura, etc; lo que más bien significa una mercantilización de la universidad. En este mismo tenor la reforma busca la posibilidad de incluir capitales privados en la institución, lo que sería debatible si no fuera por la incapacidad de rendir cuentas y ser transparentes en el manejo de sus finanzas ante escándalos probados de corrupción como “la estafa maestra”.

La Reforma busca que la contraloría universitaria no dependa directamente del rector, sino del consejo universitario, lo cuál sería muy positivo si el consejo universitario no estuviera totalmente cooptado, si sus sesiones fueran abiertas y sus votaciones no fueran a mano alzada.

La incorporación de un lenguaje incluyente en la Ley y la figura de la Defensoría Universitaria en esta Reforma, serían positivas, sino fueran simplemente una simulación. El acoso por parte de profesores, directivos, y administrativos hacia mujeres universitarias es una práctica constante que casi nunca tiene consecuencias y que muchas veces sucede bajo el amparo de las autoridades de la universidad. También habría que cuestionarse el número de mujeres que ocupan cargos directivos de alto nivel en la administración de la UAEM.

La Reforma habla de democracia, pero en la práctica, los últimos tres rectores han llegado a su cargo como candidatos únicos, bajo el pretexto de la “unidad”, cuando es bien sabido que quienes intentan competir son amedrentados de las más diversas formas.

En fin.

A pesar de todo lo anterior sostengo que es necesaria la Reforma a la UAEM. Pero no la simulación de Reforma que propone el rector en turno. Es necesaria una reforma de fondo. Que elimine las figuras y cotas despóticas de poder dentro de nuestra universidad, que proponga la gratuidad de la universidad pública, que creé políticas de permanencia reales para los estudiantes que requieren un apoyo económico, que dignifique y emancipe a los docentes y administrativos, que libere al consejo universitario de cualquier práctica de cooptación, que imponga cuotas de ingreso para las poblaciones indígenas y para las personas de los estratos más bajos, que elimine los sindicatos “charros” que hoy controlan, en parte, a la UAEM, que permita organizaciones libres e independientes de estudiantes, que eleve la calidad docente al no permitir tal condición a personajes señalados probadamente por actos de corrupción ni a “amigos” de los directivos que no tienen otro mérito más que ese, ser amigos. Es necesaria una reforma que no permita el ingreso y permanencia de ninguna persona armada dentro de ninguna instalación universitaria, como hoy sucede en rectoría, una reforma que no permita que la vigilancia y la seguridad se conviertan en espionaje y control, una reforma que no permita candidatos únicos a ningún puesto de gobierno de la universidad. Una reforma popular de la Universidad Pública, una reforma  verdadera, una reforma crítica, emancipadora ¡Sí a esta Reforma de la UAEM! ¡No a una reforma de adaptabilidad, alienación, simulación y subyugación como la que propuso esta administración!

A 100 años de la Reforma Universitaria de Córdoba, los retos hoy son mayores. Los universitarios y la sociedad en general tienen la tarea de velar por la Universidad Pública, universidad que pertenece a todos.

 

¡Patria, Ciencia y Trabajo!

Exprésate!

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