DE OPOSICIÓN A GOBIERNO: ¿QUÉ ESPERAR DE MORENA DE AHORA EN ADELANTE?

Por: Pavel Atilano

Luego del triunfo que morena tuvo en las elecciones del pasado 1 de julio de 2018 muchas expectativas sobre los próximos nuevos gobiernos (federal, de las entidades y de los municipios) salieron a la luz. Esto puede ser, precisamente, porque dicho partido pasó de ser oposición para convertirse en gobierno.

¿Qué diferencia hay entre ambas posiciones? Lo más obvio está en el leguaje, puesto que: a) la oposición se opone; y, b) el gobierno gobierna. El reto es descifrar el deber ser de cada cual. Es decir I. ¿cómo se debe ser oposición? Y II. ¿cómo se debe ser gobierno?

También podemos aumentar el nivel de complejidad en la respuesta al modificar un poco aquellas preguntas para dejarlas de la siguiente forma: I. ¿cómo debe actuar una buena oposición? Y II. ¿cómo debe actuar un buen gobierno? Aclaro que el adjetivo “bueno” es sólo una opción, pudiendo ésta sustituirse por otra etiqueta como “responsable” o cualquier otra que se adecue el contexto en el que se lea.

Para mí, ser oposición no significa nada más estar en contra. Ocupar el digno espacio de oponente implica ciertas obligaciones que tienen el carácter de especiales, ya que estas no son otra cosa que el aportar ideas, perspectivas e incluso valores diferentes.

Al ser «una o un» oponente no idiota se deja abierta la posibilidad de estar a favor de algo y, al mismo tiempo, diferir en alguna de las partes que lo integran, siempre con el compromiso de que de por medio haya una contrapropuesta para presentar en el debate. Pues ¡qué decepcionante es toparse con un “no” infundado y que, encima, se vuelve inamovible!

En este sentido, pienso que ser gobierno no significa imponer. Ser gobierno implica volverse un ente coordinador que construya, reconstruya y deconstruya, recordando que esas 3 acciones implican, en una justa medida, escuchar todas las voces…. claro, incluyendo las de la oposición.

Al ser un gobierno no destinado a fracasar se tiene que escuchar y atender todas las razones y las opiniones que existan entorno a algo, siempre en el entendido de que de por medio, por lo regular, habrán contrapropuestas de diversos grupos. En este punto será fundamental no presentar noes falaces, sesgados e infundados que se quieran hacer pasar por verdades absolutas e inamovibles.

Como podrá advertirse, la conceptualización romántica del gobierno-oposición evoca a una sesión de “Goshni sabor” (un baile en donde los errores nunca se olvidan), o de cualquier otra danza en pareja, pues quien no sepa moverse, aparte de verse mal, dañará a su acompañante.

Gobierno y oposición deberán sostener un diálogo permanente para conseguir estabilidad, paz y gobernabilidad democrática, puesto que quien no cumpla con su función (vista desde el deber ser) estará olvidando la razón principal de su existencia, que en el último de los casos son la representación y, aunque redundante, el gobierno en favor del bienestar social.

De entre todo lo anterior ya nos toca pensar ¿qué debemos esperar de los partidos políticos de ahora en más? Especialmente ya con “la cuarta transformación” tocándonos las puertas. Como se ha mencionado en otros espacios, morena pasará de ser la oposición a ser gobierno, mientras que el resto de los partidos, especialmente el Revolucionario Institucional tendrán ese cambio, pero a la inversa.

En recientes días Francisco Labastida (excandidato presidencial priista) comentó en una entrevista[1] que desde el ámbito de la oposición su partido podrá “aportar experiencia de gobierno e ideas”. Como opinión está bien, es adecuada. Ya en la práctica otra cosa será, pues ¿quién acepta consejos de “cómo gobernar” cuando el recomendante ha sido fuertemente criticado por su mal gobierno?

Antes de acabar este texto, me queda que insistir con el argumento de que “gobierno y oposición deberán sostener un diálogo permanente para conseguir estabilidad, paz y gobernabilidad democrática”, lo cual tendría que delinearse por un gobierno que no sólo imponga su voluntad, y por una oposición que no solamente se ponga en contra de las decisiones emanadas por este último.

Como apéndice, quisiera invitar a la reflexión en torno a cómo será el nuevo discurso de morena, o bien ¿a quién culpará de los malestares del país, si su principal enemigo, el PRI ya está casi completamente abatido? ¿quiénes serán las nuevas almas políticas en pena que carguen con el rechazo de la ciudadanía?

El cuerpo legislativo, ejecutivo, directivo y militante de morena será sabio y responsable si acepta sus errores (los que ha tenido y los que seguramente tendrá más adelante), pues de lo contrario con el paso de los trienios y los sexenios terminará por ser una réplica del adversario al que con tanta contundencia derrotó el pasado 1 de julio de 2018.

[1] http://www.eluniversal.com.mx/nacion/politica/soberbia-e-inexperiencia-llevaron-al-tercer-lugar-al-pri-labastida

NOSOTROS LOS CHAIROS

POR: MAURICIO BARRAZA

Nosotros los chairos alzamos la voz, algunos irreverentes, otros un poco más “educados”; algunos escribimos poemas, otros nos morimos siendo periodistas; algunos usamos el espacio virtual para “manifestarnos”, otros ocupamos el espacio público; algunos somos artistas, otros somos políticos; algunos somos teóricos, otros somos activistas; ninguno de nosotros estamos conformes. Ante las condiciones que imperan en nuestra realidad más inmediata, condiciones de desigualdad, realidades de pobreza, un país atascado de corrupción, explotación, marginación; todo ello solapado por un modelo económico capitalista-neoliberal que desecha a quien no puede consumir; ante tales condiciones nos es imposible estar conformes.

Hace una semana, el glorioso 1º de julio de 2018 millones de chairos salimos a ejercer nuestro de derecho del voto (“glorioso no sólo por la victoria del candidato de “izquierda”, sino también porque el PRI obtuvo los peores resultados electorales de su historia). Alrededor de 30 millones de “ciudadanos” (de acuerdo a la concepción legal del término establecida en la Constitución) votamos por un cambio político, económico y social. Fuimos 30 millones los que votamos por Andrés Manuel López Obrador, y no solamente lo hicimos en nuestro nombre sino también en el de otros que aún siendo ciudadanos no pudieron votar porque aún no cubren los requisitos legales necesarios, hermanos, primos, sobrinos; y de la misma manera votamos por nuestros hijos que aún no nacen y en nombre de nuestros abuelos y familiares que ya partieron… votamos por México.

Quizá algunos otros chairos, los más chairos, no votaron. Y no lo hicieron porque sus experiencias y sabidurías les han demostrado que “podrán cambiar el capataz, los mayordomos y los caporales, pero el finquero sigue siendo el mismo”. A los chairos más chairos, todo mi respeto. Compartimos las luchas y los objetivos aunque, por el momento, las tácticas no sean las mismas.

Los que sí votamos y lo hicimos por “Don Andrés Manuel”- como el empresario Juan Pablo Castañon se refirió en una entrevista al presidente electo- tenemos una gran responsabilidad de velar  que nuestro voto sea efectivo, es decir, que la confianza depositada en el peje no sea en vano. Los chairos no dejaremos de ser chairos porque tenemos a un presidente aparentemente chairo. Al contrario, muchos de nosotros quizá nos radicalicemos, nos volvamos más exigentes, más agudos. Protestaremos, como hemos protestado siempre, ante la represión, ante las injusticias, ante la corrupción, ante el cinismo, ante la explotación, ante las falsas promesas… a través de nuestro voto NO regalamos un cheque en blanco.

Las consecuencias de dicha votación que le ha dado un triunfo avasallador  a MORENA no se han hecho esperar. A partir del mismo 1º de julio, nosotros los chairos, fuimos testigos del destape de una camarilla de seres que, a pesar de su carácter evidente, hasta antes de la victoria de AMLO mantenían sus formas “institucionales”. Me refiero a todas aquellas personas que inmediatamente después del triunfo del hoy presidente electo comenzaron a llamar a todo aquel que hubiera votado por López Obrador, “ignorante”, “naco”, “irracional”, entre otros berrinches. Sostienen, a la fecha, que “ganó la ignorancia”, que “ahora sí, vamos a estar como en Venezuela”, incluso uno que otro llegó a sostener que deberíamos adoptar el sistema estadounidense dado que “no puede valer lo mismo un voto de Oaxaca que otro de Nuevo León”, exclaman que “¡cómo es posible tener un presidente que no sabe hablar inglés y que acabó la carrera en catorce años!”. Aseveraciones de personas que se retratan clasistas, racistas, faltas de noción humana y social. Personas a quién la sabiduría digital y popular se ha encargado de colocarles el mote de “neochairos”.

Un “neochairo” es una persona que “defiende al capitalismo y las políticas neoliberales en contra de las ideologías de izquierda, pero a quien se le atribuye una falta de dominio de los medios de producción que dice defender. Es también un ser que se autosatisface con sus actitudes de derecha”¹ y que piensa que el cambio está en uno mismo. Como consecuencia de lo inmediatamente anterior piensa que los pobres son pobres porque quieren. Está en contra del asistencialismo y de prácticamente cualquier política social. Tiene por gurú a Ricardo Alemán y por archirrival a Andrés Manuel López Obrador. De sus votantes sostienen que no terminaron la secundaria. Eventualmente piensa que, con AMLO en el poder, México se convertirá en Venezuela del Norte. Todos quienes no piensen como él representan a la ignorancia. El neochairo vigilará el actuar del Presidente electo de la República, aunque nunca antes haya desempeñado esta función. Es el antagónico del chairo, del que piensa que es ignorante y perezoso”.

Así, nosotros los chairos nos vemos obligados, ahora más que nunca, a ser críticos no solo con los intolerantes clasistas y racistas, con los priístas y panistas sobrevivientes al tsunami, sino críticos con el nuevo gobierno que ha de tomar posesión el 1º de julio y sobre todo con nosotros mismos. No permitamos la proliferación de ideologías que incitan al odio y a la violencia de cualquier tipo. ¡Reivindiquemos el chairismo! No abandonemos el contacto con la realidad, no abandonemos a los más vulnerables, a los históricamente marginados, hagamos que los chairos que llegarán al poder no dejen de mirarlos. Combatamos la discriminación, el racismo, el clasismo, el fascismo, la ignorancia, el rencor, en resumen el “neochairismo”. Apoyemos y defendamos cuando haya que hacerlo y critiquemos y opongámonos cuando sea necesario.

¡Chairos del mundo uníos!

 

 

 

 

 

Foto: María del Rosario Piedra
¹La definición de “neochairo” está basada en lo publicado en twitter por @a_mldz el día 06 de julio de 2018