A 50 AÑOS DE MÉXICO 1968

POR: MAURICIO BARRAZA

Ya se ha escrito casi todo sobre el movimiento estudiantil de 1968, poesía, literatura, artículos académicos y científicos, análisis, crónicas, guiones cinematográficos, en fin; los mismos protagonistas de aquel verano caluroso, festivo, cálido, protagonistas también de un otoño en donde se marchitaron algunos sueños, han escrito los textos fundamentales (e insuperables) de primera mano, de aquel movimiento estudiantil. Los líderes del movimiento, Luis González De Alba y “Los días y los años”, Gilberto Guevara Niebla, recientemente Pablo Gómez y Joel Ortega; los maestros, testimonios de Fausto Trejo, José Revueltas y “México 68: Juventud y Revolución”; participantes directos e indirectos, Elena Poniatowska y “La noche de Tlatelolco”, Carlos Monsiváis y Julio Scherer, “Parte de Guerra”; Rosario Castellanos y su “Memorial de Tlatelolco”. Qué más se puede y quién más puede escribir de la manera como todos los testigos anteriores sobre el movimiento del 68.

Hoy escucho y leo a los jóvenes de alrededor de setenta años y me es muy difícil segurar las lágrimas que quieren correr por mi rostro al conocer sus testimonios, sus sentires, sus dolores, sus rabias, sus nostalgias, sus pérdidas. Me es imposible no emocionarme al verlos marchar, tomando las calles, aún a 50 años después de aquel magnífico y terrible año de 1968. Su vitalidad me asombra, también su perseverancia. Ellos no quieren conmemoraciones, ni monumentos, ni banderas a media asta, ellos quieren justicia, ellos quieren  verdad. Porque después de medio siglo los responsables directos e indirectos de la masacre del 2 de Octubre y de toda la represión alrededor del movimiento estudiantil siguen impunes. Porque después de medio siglo el número de muertos y de desaparecidos sigue siendo una incógnita, así como los nombres de quienes ordenaron y perpetuaron tal y brutal represión.

Quien quiera conocer más sobre el México de 1968 ahí están los testimonios de primera mano que han dejado escritos los líderes del movimiento, los integrantes del Consejo Nacional de Huelga, de los Comités de Lucha, de las Brigadas estudiantiles; la lectura y reflexión de estos testimonios es imprescindible.

Ya se ha escrito casi todo sobre el movimiento estudiantil de 1968, a nosotros, los jóvenes de 2018 nos queda recordar, no olvidar, mantener viva la memoria porque a decir de John Berger, la memoria entraña cierto acto de redención, lo que se recuerda ha sido salvado, lo que se olvida ha quedado abandonado. A nosotros, los jóvenes de 2018, aunque nos cueste nos queda no llorar ante el recuerdo de los masacrados y los desaparecidos, sino más bien luchar por las mismas razones por las que lucharon los jóvenes de 1968, por un país  justo, libre y democrático. No llorar, luchar. Eduardo Valle Espinoza, el Búho, del CNH, le relata a Elena Poniatowska: Dos o tres sollozos de algún compañero o compañera se escucharon y recuerdo haber oído “No llores, este momento no es para llorar, no es para lágrimas: es para grabárselo a fuego en lo más profundo del corazón y recordarlo para los momentos en que tenga que pagarlo quien deba pagarlo”.

Entonces luchemos con el corazón, con el recuerdo de nuestros compañeros del 68, por el México que anhelaron ellos y por el México que anhelamos nosotros.